
Septiembre reactiva el calendario formativo en la mayoría de las empresas, y este año llega con una pregunta añadida: cómo cerrar 2026 con un equipo realmente preparado para trabajar con inteligencia artificial. El último trimestre tiene una particularidad que conviene aprovechar, porque concentra a la vez la última ventana para consumir el presupuesto del ejercicio y el momento natural para diseñar el plan del año siguiente. En este artículo repasamos cómo estructurar un plan de formación en IA para lo que queda de 2026, qué perfiles conviene priorizar, qué errores se repiten cada otoño y cómo evitar que el crédito formativo se pierda por una cuestión de plazos.
Planificar la formación en IA para el equipo en el cuarto trimestre responde a dos objetivos distintos que suelen confundirse: aprovechar lo que queda de 2026 y dejar montado el plan de 2027. Conviene separarlos, porque los plazos que los condicionan no son los mismos.
Empecemos por el primero, que es el que corre. El crédito de formación bonificada que gestiona FUNDAE caduca el 31 de diciembre y no se acumula al ejercicio siguiente: lo que no se consume, se pierde. Es dinero que la empresa ya ha aportado vía cotizaciones a la Seguridad Social, así que no gastarlo equivale a renunciar a algo ya pagado.
Sin embargo, la fecha límite real llega antes de fin de año. El inicio de cada acción formativa debe comunicarse a FUNDAE con antelación —la práctica habitual del sector es hacerlo con al menos siete días naturales—, y sin esa comunicación previa no hay bonificación posible por muy bien impartido que esté el curso. Además, la finalización también debe notificarse dentro de plazo. Por lo tanto, una formación que arranque a mediados de diciembre deja muy poco margen de maniobra.
El segundo objetivo es menos urgente pero más determinante. Diciembre es cuando se cierran presupuestos y se definen objetivos, de modo que es el momento en que la formación puede entrar en la conversación estratégica en lugar de aparecer en marzo como una petición suelta.
No todos los departamentos obtienen el mismo retorno de la misma formación, y repartir horas a partes iguales suele ser la vía más rápida para diluir el presupuesto. Estos son los tres criterios que recomendamos aplicar.
A partir de ahí, una estructura en tres niveles suele funcionar bien. En primer lugar, una capa de uso cotidiano para la mayoría de la plantilla. También una capa intermedia para perfiles que trabajan con datos o procesos. Finalmente, una capa técnica reducida, orientada a quienes van a construir y gobernar automatizaciones para el resto.
En cambio, si el presupuesto obliga a elegir, prioriza siempre la primera capa: el retorno agregado de formar a muchos en lo básico supera al de formar a pocos en lo avanzado.
Estos son los fallos que más se repiten y que explican la mayoría de los planes formativos que no dejan huella.
El primero es la formación genérica. Un curso de introducción a la IA sin relación con las herramientas que la empresa tiene contratadas genera interés durante una semana y ningún cambio de hábito. Por ello, la formación debería impartirse sobre el entorno real de trabajo.
El segundo es no vincular la formación a casos de uso concretos. Cuando cada participante llega con una tarea propia que quiere resolver, la sesión se convierte en trabajo aplicado. Sin ese anclaje, se queda en demostración.
El tercero es la ausencia de seguimiento. Sin una revisión a las pocas semanas, los equipos vuelven a su forma anterior de trabajar. Un seguimiento ligero basta: una sesión corta para resolver dudas reales aparecidas en el uso diario.
También hay errores puramente administrativos que cuestan dinero. Comunicar el inicio fuera de plazo invalida la bonificación. Igualmente, existe un mínimo de asistencia por participante, en torno al 75 % de las horas, por debajo del cual deja de ser bonificable. Asimismo, hay que informar a la representación legal de los trabajadores, y el crédito no puede combinarse con otra subvención para la misma acción.
Sobre todo, el error de fondo es tratar la formación como un gasto que hay que ejecutar antes de que caduque, en lugar de como una decisión sobre qué debe saber hacer el equipo dentro de seis meses.

En Gadesoft, como Microsoft Training Services Partner con 28 años de experiencia, diseñamos planes formativos completos, no cursos sueltos. Trabajamos sobre el entorno tecnológico real de cada organización y nos ocupamos de la gestión de la bonificación, de modo que el equipo de RRHH no tenga que pelearse con la plataforma de FUNDAE.
Estos son los tres niveles sobre los que suele construirse un plan:
Si buscas un recorrido más profundo para perfiles clave, el Programa Avanzado de Copilot en M365 suma 50 horas bonificables a través de FUNDAE.
En conclusión, quedan semanas para convertir el crédito de este año en capacidades reales. Consulta nuestra oferta formativa en Inteligencia Artificial y planifiquemos juntos el cierre de 2026.











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