
El liderazgo femenino en tecnología fue el hilo conductor de Women Shaping Tech. Gadesoft organizó el evento en el Auditorio de Microsoft Ibérica en Madrid. Durante la jornada se abordaron tres grandes temas. En primer lugar, el papel de las mujeres en el sector tecnológico. También se debatió la adopción de la inteligencia artificial en las empresas. Finalmente, se presentó la democratización tecnológica como motor de transformación. Profesionales de Microsoft, ING, Ilunion, INECO, LHH, Repsol y Metro de Madrid compartieron sus experiencias. El resultado fue una conversación honesta y llena de referencias reales.
Una conversación que merece ser escuchada más allá del auditorio. Puedes ver el evento completo aquí.
La primera mesa redonda la moderó Andrea, de Gadesoft. Reunió a cinco profesionales con trayectorias muy distintas. Sin embargo, todas tenían algo en común: ninguna llegó al sector tech por el camino esperado.
Sonia Marzo, de Microsoft, llegó desde el marketing y la economía. Casi por casualidad. Rosa, de ING, empezó a programar a los 13 años desde Melilla, sin referentes. Terminó ganando una competición de la NASA sin haberlo planeado. Edurne, de Ilunion, venía del turismo y el transporte. Patricia, de LHH, estudió periodismo y hoy dirige la selección de perfiles tecnológicos. Agatha, de INECO, es quizás la única que supo desde pequeña lo que quería hacer.
Lo que unió a todas fue el síndrome del impostor. Es decir, esa sensación de no estar suficientemente cualificada para el puesto que ya se ocupa. El liderazgo femenino en tecnología choca a menudo con esa exigencia interna de tener todos los papeles antes de dar un paso.
Por ello, los consejos que más calaron tienen que ver con aprender a valorarse. El jefe que le dijo a Patricia que era capaz de mucho más de lo que creía. La reflexión de que dar un 70% en un momento difícil ya es el 100% de ese momento. O la defensa de Rosa contra el dicho ‘quien mucho abarca, poco aprieta‘. Según ella, ese consejo ha limitado a muchas personas.
En cuanto al liderazgo, el consenso fue claro: lo técnico importa, pero no es lo decisivo. La actitud, la visión estratégica, la empatía y la escucha activa fueron las cualidades más mencionadas. Sobre todo, destacaron la humildad y, simplemente, ser buena persona.
Rosa lo resumió bien: ‘No me sirve solo el criterio técnico puro y duro. Necesito visión, adaptabilidad y honestidad.’ Sonia añadió algo que resonó en la sala: el mayor orgullo de un líder es cuando alguien de su equipo acaba liderándole a él. Las frases finales del bloque lo dijeron todo: quitarse el síndrome del impostor, disfrutar del camino y atreverse a ser la primera.
La segunda mesa la moderó Elena, de Gadesoft. Abordó la inteligencia artificial desde la experiencia directa de cada organización. El punto de partida fue claro: la IA ha llegado para quedarse. Sin embargo, cada empresa la está adoptando a su ritmo.
Sonia, de Microsoft, aportó un dato revelador. España ocupa el sexto lugar del mundo en uso de IA. La tasa de adopción es del 40%, frente al 12% de media global. Sin embargo, advirtió de un riesgo real: muchos empleados usan herramientas propias sin formación ni gobernanza. Eso pone en riesgo datos sensibles. Por ello, el verdadero reto no es la herramienta. Es el cambio conceptual.
Rosa, de ING, explicó que el gran desafío es convertir la productividad individual en productividad empresarial a escala. También avisó de algo que muchos pasan por alto: la IA no es gratis. ‘Cuesta un riñón, y no podemos permitir que un ingeniero se quede sin tokens a las 12 del mediodía.‘
Por otro lado, Edurne, de Ilunion, compartió uno de los casos más inspiradores. Para ellos la IA tiene una doble dimensión: la productiva y la social. Les permite diseñar herramientas más accesibles e inclusivas para personas con discapacidad. ‘La IA nos impulsa el propósito y nos impulsa el negocio’, resumió.
En cambio, Patricia, de LHH, puso el foco en algo que suele omitirse: parte del trabajo en recursos humanos se va a automatizar. Hay que abrazarlo. El reto no es resistirse al cambio, sino liderarlo con criterio. Como resultado, quedó una idea clave: se está destruyendo empleo, sí, pero se está creando más. Con roles que todavía no tienen nombre.
En la segunda parte del debate, la formación apareció como la palanca más urgente. Todas las ponentes coincidieron en un punto: la IA está llegando más rápido de lo que las organizaciones forman a sus equipos. Esa brecha es uno de los mayores riesgos del momento.
Sonia lo ilustró con claridad: ‘Lo que aprendo hoy va a cambiar mañana. La formación no puede ser un evento puntual. Tiene que ser continua y metodológica.’ Además, el debate puso de manifiesto que la formación en IA no puede separarse del pensamiento crítico.
Agatha reconoció que fue muy reacia a usar la IA al principio. Pero al incorporarla descubrió que ayuda de verdad. Siempre que se utilice con criterio. ‘No podemos coger lo que nos dice la IA y ponerlo sin más. Se equivoca, y hay que saber cuándo.‘ Es decir, la formación tiene que acompañar al acceso a la herramienta, no llegar después.
Por ello, desde Gadesoft la apuesta es clara: la formación en inteligencia artificial es una palanca de crecimiento, no un gasto. Un ejemplo concreto: la colaboración de Gadesoft con la Fundación Once para formar en IA a personas con discapacidad en búsqueda de empleo. Finalmente, el consenso fue unánime: en un entorno donde las reglas cambian cada pocos meses, la formación continua es la única estrategia sostenible.
Uno de los momentos más reveladores del debate llegó con Rosa, de ING. Usó una analogía sencilla pero poderosa. Cuando apareció el correo electrónico, no enviamos menos mensajes que con el fax, sino muchos más. En otras palabras, la IA no solo nos vuelve más productivos. Nos vuelve también más productores. Y esa distinción importa enormemente.
La pregunta sobre cómo medir el impacto de la IA fue uno de los debates más vivos. Rosa defendió que hay cosas que no se pueden medir con una cifra: ‘Si reduzco tiempos internos pero el NPS del cliente empeora, estoy destruyendo valor.‘ Edurne contó que en Ilunion miden la satisfacción del empleado, no solo el ahorro de horas. En cambio, Sonia fue directa: uno de sus KPIs es cómo se siente el desarrollador, porque eso repercute en el cliente final.
Más allá de las métricas, el bloque cerró con una reflexión sobre los riesgos sociales. Sonia puso el foco en la desigualdad. La IA puede generar brechas enormes si no se democratiza de verdad. Sobre todo en educación. Si los jóvenes dejan de desarrollar el pensamiento crítico, el resultado será el contrario al esperado. La conclusión compartida fue clara: la tecnología por sí sola no transforma nada. Lo que transforma es la persona que la usa y el propósito con el que se despliega. Agatha lo resumió: ‘La IA no sustituye, te amplifica.’
El tercer bloque fue el más sorprendente. Mónica González, de Repsol, y Palmira, de Metro de Madrid, presentaron sus casos con datos reales.
En Repsol, casi 6.000 personas construyen aplicaciones internamente. Hay más de 16.000 flujos de automatización en marcha. Pero lo más llamativo no son los números, sino quiénes los protagonizan. No son solo perfiles de oficina. Son técnicos con casco y mono en refinerías de Cartagena, Coruña o Puertollano. Personas que usan el ordenador una o dos horas al día. Y que, sin embargo, crean sus propias herramientas.
Un ejemplo real: la responsable de seguridad de la refinería de Puertollano construyó en un día una aplicación para gestionar visitas. Algo que TI nunca habría desarrollado. La duración media de estas apps es de tres a cinco meses. Se construyen para una necesidad concreta y efímera. Exactamente el tipo de solución que nunca vería la luz en un ciclo de desarrollo tradicional. El dato que más emocionó a Mónica: tiene paridad de género entre sus makers.
El caso de Metro de Madrid tiene menor escala: 220 aplicaciones y 469 flujos. Sin embargo, tiene un componente igual de valioso. Ha reducido la frustración de empleados con mucha antigüedad que sentían que no evolucionaban.
Palmira creó un grupo de trabajo horizontal, voluntario y abierto a toda la empresa. Según ella, nadie que entra quiere salirse. Asimismo, cada pocos meses organizan una sesión donde alguien presenta su caso de uso. Incluidos los problemas que encontró por el camino. Eso genera comunidad y aprendizaje colectivo. El liderazgo femenino, en ambos casos, fue clave para que estos proyectos prosperaran.
Women Shaping Tech no fue solo un evento de visibilidad. Fue una demostración de que el liderazgo femenino en tecnología ya no es una aspiración. Es una realidad que ocurre en las organizaciones más relevantes del país. Con nombres, datos y casos concretos detrás.
Desde Gadesoft, impulsar esta realidad es parte de nuestra identidad. Somos una empresa de formación tecnológica y partner de Microsoft con más de 28 años de experiencia. En primer lugar, creemos que la formación es la palanca más poderosa para reducir las brechas en el acceso femenino a puestos de liderazgo. También creemos que la tecnología con propósito es la única que genera impacto sostenible.
Ignacio González, CEO de Gadesoft, cerró el evento con una idea que resume bien el momento: la democratización de la tecnología ha conseguido que negocio e IT hablen por fin el mismo idioma. Y ese es el cambio más profundo de todos.
No es solo una cuestión de herramientas. Es de cómo nos relacionamos con la tecnología y entre nosotros. Sin duda, el sector tecnológico será más rico e innovador en la medida en que más mujeres lideren, formen y transformen desde dentro. En conclusión, Women Shaping Tech fue el comienzo de una conversación que no debería parar aquí.











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